Ajuste de cuentas

El beso que no te di aquella noche imberbe en la que me declaraste tu amor a escondidas, es el que quisiera recordar hoy. Para ese entonces, recién entrado a la Universidad, ya eras un hombre parecido al de ahora, admirador de las revoluciones. Y yo, que no sabía de momentos, todavía confundía la insolencia con la rebeldía ¿Qué puedo decirte ahora? Que no vi bien tus profundos ojos roble, que no besé el lunar de tu mejilla, que no te agarré fuerte la mano, que no te abracé fuerte con la excusa de sentir tu piel, tu olor ¿Con qué cara te pido ahora que me dejes darte aquel beso que le debo al pasado? Nos adeudo ese recuerdo que hoy nos falta.

Que ahora sos feliz, ya lo sé. No pretendo importunarte. Se trata de Justicia, no sé si me explico. Vos entendés de esas cosas, sos un hombre de Derecho. No me malinterpretes. Solo es eso y, bueno, quién sabe. Quiero decir, que mi deuda es con la osadía y llego tarde. ‘Ojalá te hubiera conocido antes’, me dijiste equivocado. Era ‘después’ la palabra. Y vengo a avisarte que ya es hora. No vayas a asustarte vos ahora. No hace falta que deshagas nada. Esto solo un ajuste de cuentas ¿Que trastoca tus principios? Si esto es una mera cuestión de finales… De recuerdos incompletos. Y a eso vengo; a esa noche le falta un beso y yo lo tengo.

Consejera

amigas

No me aconsejes tu vida

tus venganzas

tu Justicia en mi mano ajena

No me vaticines tu futuro

ni me adivines tu historia

No me desees todos tus errores

para que yo aprenda

para que yo borre

con mi heroica dignidad imposible

todos tus dolores

No pretendas enseñarme

ni ser mi maestra

no quiero ensañarme

con una revancha nuestra

No soy el espejo de tus heridas

ni estoy viviendo tu historia de vida

No vine a vengar tus fantasmas

o a tener el coraje que dejaste para ser una dama

No quiero soñar tus sueños

de amores azules

de familias platónicas

de psicología barata

con experiencia en ratas

Yo no quiero tu vida

antes que eso

prefiero mi ira

Prefiero perderme

hacer lo incorrecto

Soltar los estribos

Tratar de caerme

No me recomiendes tu fórmula de la infelicidad

que me explote todo en la cara

incluso la maldad

No quiero saber lo que pasa

porque ‘yo ya lo viví’

Te cambio tu ‘yo te avisé’

por un ya te abracé.

Aburrimiento

Qué aburrimiento es estar segura,

tranquila

dormida

No soñando

Qué aburrimiento despertar y no recordar los sueños

estar descansada

que no duela nada

Que aburrimiento es tenerte a mi lado

o estar sola y no necesitar a nadie

Conocerme como la plama de mi mano

Que me sea suficiente mirarme en un espejo de primer plano

Lavar los dientes y que no sangre la boca

lavar las manos con espuma blanca

Qué aburrimiento levantarme a tal hora para estar en tal lado

y volver a tal otra para retornar al punto de partida

Qué aburrimiento tener el corazón en un solo pedazo

estar llena de miedos y culpas

comer sano

Qué aburrimiento comprar lo hecho

no tener tiempo

no encontrar espacio

Saberse todos los caminos

no perderse nunca

conocer todas las causas y sus consecuencias

Qué aburrimiento hacerse preguntas y encontrar las respuestas

esconderse y que el juego acabe al ser descubierto

que me gustes y no poder saborearte

verme apetitosa y no dejarme morder

Qué aburrimiento no estar jamás al borde la muerte

Ni al borde de tus labios con el borde de los míos

ni al borde de nada

ni resbalar de repente

Qué aburrimiento la diversión constante

sin un abismo con balcón a la nada

con todo resuelto

y la invención ya inventada

No me sueltes

Acurrucame mamá

en tus brazos grandes como los míos

Envolvéme sobre tu pecho

que tengo frío

Aunque ya tus hombros sean menudos

todavía dan calor cuando me siento al desnudo

cerraré los ojos, te prometo

achicaré el espacio que ocupo por completo

Ayudaré a tu cuerpo a contener al mío

y confiaré en tu fuerza para desarmar calaveras y esqueletos

Abrazáme

que estoy frágil hoy y vos seguís siendo mi mamá

Esa cueva de reparo que acaricia sin preguntas

Ese plato caliente que me convida fuerzas

Ese arrope final sobre la inconciencia indefensa en la noche temeraria

Dame un beso en la frente para salvarme de la fiebre de quien no me quiso como vos

Hacéme niña nuevamente

que hoy me duele ser valiente

Contáme un cuento nuevo

con una estrella imaginaria

con noches frescas de verano,

un grillo, un árbol y un trébol

Mañana vuelvo a ser adulta, te lo prometo

pero esta noche no me sueltes,

que conocí a la gente

y tengo miedo.

La ciencia y la maternidad

Mi psicóloga dice que yo (que soy un ser hiper racional) deduzco, razono, calculo hasta que me topo con mis emociones. Que en ese afán racional pretendo saber todo, tener siempre una respuesta científica, tener todo bajo control. Con objetivos similares a los científicos: achicar el margen de error, predecir, prever, anticiparme, prevenir. Evitar sufrir. Sospecho que por eso me dan miedo los bichos que vuelan intempestivamente (murciélagos encandilados, libélulas, moscardones). Como consecuencia, me creé cuasi fórmulas matemáticas para casi todo: para triunfar profesionalmente, para sostener amistades, para entablar relaciones, tener salud, éxito económico sin perder calidad de vida, ser buena deportista, buena estudiante, desarrollarme laboralmente, etc, etc. Pero lo más importante es que me inventé una fórmula para ser feliz. Y lo más envidiable es que me venía funcionando. Hasta que fui madre. Desde el preciso momento en que tan solo me dispuse a serlo, todo empezó fallar. Hasta eso mismo: ser madre. Supongo que para eso se inventó la maternidad. Para desorientarnos. Para cagarse en todo lo que creías tener claro. Para demostrarnos de un cachetazo insolente cuán idiota pudimos haber sido todo este tiempo en nos creíamos tan astutas. No sé si esto le pasará también a los padres, pero ya saben; las madres ponemos el cuerpo y eso es heavy. MUY heavy. No saben el cagazo tremendo que da tan solo pensar que en tu cuerpo vas a tener otro cuerpo. Y cuando eso ocurre y se va materializando, viendo, palpando… te empezás a preguntar cómo vas a hacer para sacarlo y te da todavía más miedo. No hay vuelta atrás. Te metiste en algo creíste que sabías cómo era, pero no tenías puta idea. Realmente no lo sabías. No hubo forma de predecir el estallido hormonal que ibas a sufrir y cómo vos que (como yo) sos un ser hiper racional ibas a llorar todos los reputos días por cualquier estupidez. No hablo de lagrimear por una peli. Hablo de romper en llanto, con profunda angustia hasta que te de vergüenza pensar que algún vecino te esté escuchando. Y pensás ‘por qué, por qué’ ¿Por qué estás llorando así? Ni mínima idea. No tiene sentido. O sí.. ¿¿¿O sí??? ¿Por qué estoy llorando así? ¿Tengo traumas infantiles sin resolver y están saliendo a la luz ahora que voy a ser madre? Probablemente… Probablemente sí. Probablemente no. Y es cuando confirmás que la ciencia, tu Dios Ciencia tiene más preguntas que respuestas ¿Por qué no quedé embarazada hasta 2 años después de buscarlo? Tal vez una bacteria que siempre salió negativa en los exámenes. Pero, ¿¿¿cómo??? ‘Solo porque probamos
darte medicación para esa bacteria que, según el laboratorio, NO tenías y funcionó’. O sea que si funciona, ¿es científico? ¿Ya está? ¿Así nomás? Sí y solo sí. Así de pragmática. Cero dogma. A la ciencia le importa que funcione. Como a todo el mundo, en definitiva. No es ninguna ciencia ¿Y mis dogmas? Tengo una enciclopedia de dogmasfb_img_1486353552382… qué los hago? Usálos para limpiarle el culo al bebé, te van a venir bien, se gasta mucho limpiando culitos. ¿Y todas mis fórmulas? Olvidáte de la fórmula. No hay nada como la leche materna humana. Es inimitable. ¿No era que ser madre era lo más increíble del mundo? Sí. Es porque es casi imposible seguir creyendo en lo que sea que creías después de eso. ¿No se supone que iba a hacerme feliz? No. Es lo único que va a seguir haciéndote feliz cuando ninguna otra cosa lo haga. Y da las gracias por eso. No tengo más respuestas. Lo dejamos acá?

Canción de Identidad

Había una vez un barrio de un pueblito en una ciudad de una provincia de un país en un continente en el que el documento de la gente era una canción. Cada uno tenía la suya según su personalidad. Había quienes tenían canciones de amor, de fiesta, de corazones rotos, de aventuras, melancólicas (como de extrañar algo), de cosas simples o de cualquier tipo. Canciones para bailar rapidito o despacio, de a dos o entre muchos, para viajar o para escuchar sentada en el sillón. Cada vez que salían a la calle, la iban cantando bajito para que al cruzarse con otro, supieran quién era.

María Elena se dedicaba a hacer esas canciones. Cuando un bebé nacía, el papá, la mamá o algún pariente llevaba al bebé y ella lo estudiaba bien. Le observaba atentamente la personalidad. Si sonreía mucho o poco, si era inquieta o inquieto, si le gustaban los mimos, etc. Había que llevarlo varias veces hasta que María Elena dijera ‘listo’. Entonces, se tomaba algunos días para escribir la letra -Ojo, había veces que las canciones eran sin letra; por ejemplo, para las personas que hablan poco- Después sonaba el teléfono y era María Elena avisando que la canción estaba preparada. Los padres o algún pariente iban a buscarla y ahí ella les explicaba si iba con guitarra, con tambores, con flauta, con piano o con cualquier otro instrumento y les recomendaba a qué músicos acudir, por si no conocían ninguno. Entonces, las madres con los padres o algún pariente iban a la casa de las músicas y los músicos a ver cómo eran: si les caían bien y si les gustaba cómo tocaban los intrumentos. Si sí; ya le daban la letra y componían la canción. Si no, seguían buscando músicos y músicas hasta que dijeran ‘listo’. Una vez que tenían la canción, se la cantaban al bebé todas las noches antes de dormir, para que se la fuese aprendiendo. Así, a los tres o cuatro meses el bebé en lugar de balbucear empezaba a tararear su canción y cada vez que salía de paseo, iba cantando y conociendo el canto de los otros bebés y de las personas grandes. Se decía que cuando uno salía del lugar todas esas canciones diferentes se iban uniendo y que a la distancia sonaban como un gran coro de una sola canción y que, entonces, ésa era la canción de ese barrio de ese pueblito en esa ciudad de esa provincia de ese país en ese continente.

Rascainfierno

rascainfierno

Esta es la historia de la cueva de Fernando Higueras, el hombre que vivió bajo tierra. Cansado de que predijeran su muerte, se sepultó a sí mismo. Con pico y pala hizo un pozo gigante en el patio de su casa y construyó allí su hogar. Al contrario de lo que muchos podrían imaginar, éste era un lugar sumamente luminoso. Por las ventanas no se veía la calle, ni los autos. No entraban ruidos ni viento. Se veía el cielo y la lluvia caer directamente a los ojos. Las copas de los árboles y los pájaros con sus nidos. Nunca hacía calor ni frío. No por nada Higueras tenía apellido de árbol. Amaba la naturaleza y quería mimetizarse con ella. Como era arquitecto, todo lo que construía lo hacía para que ella pudiera lucirse. Dejaba círculos enormes en los primeros pisos para que pudieran colgar de allí enredaderas como cabellos. Ventanas cenitales con y sin vidrios para que sea el sol el que ilumine todo. Su sepulcral hogar era espacioso como el aire, cómodo como la hierba, luminoso como el cielo, cálido como el otoño y silencioso como una tumba. Allí murió tal como se lo habían predicho. Lo llamó Rascainfierno.

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